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Lucha contra la pobreza

NO TENGO COVID, PERO…

Carlos Bargos. Director de Caritas Bizkaia.

Esta pandemia nos está dejando muchas secuelas y no solo en salud. Consecuencias sociales y económicas directas sobre la vida de las personas más frágiles junto a la urgencia de afrontar como sociedad grandes cuestiones que esta situación nos ha planteado.

Nos encontramos ante una grave crisis global de origen sanitario que está generando unos efectos socioeconómicos de igual o mayor intensidad. Una crisis social que coloca en el centro del debate público cuestiones de gran envergadura que como sociedad debemos abordar.

La manera en la que las consecuencias socioeconómicas de las crisis se distribuyen entre la población se explica desde la lógica de la desigualdad social. Por ello, las secuelas afectan con mayor intensidad, perduran más en el tiempo e incluso se instalan permanentemente en personas, familias y grupos sociales en situación de vulnerabilidad y exclusión social. En este sentido la crisis actual no es, ni será, una excepción. Los efectos sociales de esta coyuntura se prolongarán a medio – largo plazo, con consecuencias que comenzamos a constatar actualmente pero que aún no se han desplegado en su total magnitud. 

En diciembre 2020 desde nuestro Observatorio de la realidad y desde el testimonio de personas/equipos que trabajan pegadas a la realidad, percibimos que un significativo segmento de la población que ya se encontraba en situaciones de exclusión, vulnerabilidad o estancamiento social, en estos momentos, están siendo especialmente afectada por las consecuencias sociales y económicas, intensificándose su situación de pobreza, desempleo o empleo muy precarizado. De nuevo se visibiliza la profunda desigualdad que nuestro sistema genera en la desprotección de estas situaciones (muchas de estas personas se sostienen en el empleo informal) que carece de amortiguadores económicos básicos porque por requisitos administrativos quedan fuera de todo sistema de apoyo público.

Podemos destacar las evidentes consecuencias inmediatas en varias dimensiones.

  1. Empleo-Ingresos-Vivienda. Debilitamiento aún más de un empleo que ya venía siendo precario: la etapa de confinamiento barrió el empleo de las personas más vulnerables y evidentemente sus ingresos. Esta pérdida de aporte económico afecta a todas sus condiciones de vida, alimentación, medicación, pero especialmente al ámbito de la vivienda tanto en el sostenimiento de sus suministros como de la propia estabilidad residencial.
  2. Brecha digital con múltiples ramificaciones. Se ha evidenciado como un factor de exclusión claro. Grupos sin conectividad ni equipamiento, sin habilidades digitales por formación o edad, que están quedándose excluidas de este “nuevo mundo cada vez más on-line”. Por efecto de la pandemia se ha complejizado por digitalización:
    1. la relación con la administración, que ha intensificado esta grieta, generando nuevas dificultades para la relación con lo institucional. Cada vez es más difícil una relación que debía de ser cada vez más fácil.
    1. ha sido crítico el impacto en los procesos educativos de menores y adolescentes de familias vulnerables. Este descuelgue que se ha producido en el confinamiento y el retraso que esto ha producido en estos procesos educativos tendrá consecuencias negativas diversas.
    1. la comunicación interfamiliar, social y laboral se ha hiperdigitalizado con vertiginosa rapidez, sin procesos de adaptación o formación que garanticen el acceso adecuado, produciéndose una especie de “selección natural” digital.   
  • Impacto psico-emocional: miedo a salir y a retomar las relaciones. Muchas personas por su edad y debilidad de salud y otras muchas por miedo a un contagio que haría perder el poco trabajo que tienen y las que la presión de caer enfermas o tener que asumir un confinamiento preventivo es más alta que para el resto de la población. Si no trabajan, no hay ingresos y además pueden perder el empleo y la vivienda. El confinamiento ha dejado, además, una huella importante de conflicto relación/familiar: separaciones, malos tratos, tensiones dentro de las relaciones familiares. Aumento no solo cuantitativo, sino cualitativo respeto a la gravedad de los problemas.

Pero es importante además de detectar y atender a las consecuencias directas e inmediatas de esta situación, analizar cuestiones de modelo social que como comunidad debemos de afrontar. La dura experiencia de confinamiento e incertidumbre creada por la pandemia ha puesto en evidencia retos de gran calado.

  • Ha resituado la vida y el cuidado de las personas en el centro, subrayando la necesidad de nuevas estrategias que sean alternativa al actual modelo social construido exclusivamente en base al crecimiento económico y el consumo como motor de bienestar individual y social.
  • Nos ha descubierto el valor de los vínculos personales, comunitarios e incluso trascendentales en un contexto en el que avanzamos hacia una sociedad desvinculada y extremadamente individualista. Ha resurgido con fuerza la pregunta por el sentido de la vida y de nuestras relaciones personales y sociales.
  • Nos coloca ante nuestra fragilidad personal y social, que nos ha sorprendido ante sensación generalizada pero irreal de seguridad y control. Nos enfrenta al reto de construir servicios sociales y del tercer sector con resiliencia ante futuras emergencias sanitarias desarrollando un modelo de atención social y residencial adecuado, preparado para ellas.
  • Ha evidenciado la necesidad de reconstruir y reforzar el espacio de “lo público” en base a la idea del Bien Común.  Un espacio construido desde la responsabilidad de los poderes públicos en el desarrollo de los derechos humanos y con la participación activa de la sociedad civil organizada y la ciudadanía en general.

Las entidades del Tercer sector estamos jugando un papel esencial tanto a la hora de acompañar la situación concreta de dificultad en las personas como en la detección de oportunidades de transformación social desde claves de igualdad y justicia. Debemos mantener la intensidad de nuestras apuestas con la mirada puesta en el cuidado de la vida.